El colesteatoma es una lesión progresiva y destructiva del oído medio, que se comporta de manera agresiva al erosionar las estructuras óseas circundantes. Se caracteriza por el crecimiento anormal de epitelio escamoso queratinizante, el cual forma una masa que acumula desechos de queratina en el oído medio, la mastoides o el epitímpano.

El diagnóstico tardío puede derivar en consecuencias irreversibles como la pérdida auditiva permanente, parálisis del nervio facial y complicaciones intracraneales que ponen en riesgo la vida del paciente.

En la práctica clínica es fundamental distinguir entre las formas adquiridas y congénitas. El colesteatoma adquirido suele presentarse con otorrea crónica e indolora, a menudo con un olor fétido característico que no responde a los antibióticos estándar. El hecho de que sea indoloro es el signo clínico más importante para diferenciarlo de una otitis media aguda.

Durante la exploración, el hallazgo de tejido de granulación o una perforación en la pars flaccida debe considerarse un colesteatoma hasta que se demuestre lo contrario.

La causa suele ser una disfunción crónica de la trompa de Eustaquio, que genera una presión negativa persistente y succiona la membrana timpánica hacia el interior, creando bolsas de retracción profundas donde se acumula la queratina.

Por otro lado, el colesteatoma congénito se presenta como una masa blanca perlada detrás de un tímpano intacto en niños sin antecedentes de infecciones o cirugías previas. Se detecta con frecuencia de manera incidental entre los 4 y 6 años de edad durante revisiones rutinarias o tamizajes auditivos. Independientemente de su origen, la capacidad de esta lesión para destruir el hueso conduce a complicaciones graves.

Si la erosión alcanza el canal semicircular lateral, el paciente desarrollará una fístula laberíntica con vértigo y pérdida auditiva neurosensorial. Aún más alarmante es la erosión del canal del nervio facial, que provoca una parálisis facial aguda, considerada una emergencia médica que requiere intervención quirúrgica inmediata.

El diagnóstico moderno se apoya en pruebas de imagen precisas. Mientras que la tomografía computarizada de alta resolución es la herramienta imprescindible para la planificación quirúrgica y la evaluación de la cadena de huesecillos, la resonancia magnética con técnica de difusión es actualmente el estándar de oro para confirmar el diagnóstico. Esta técnica es altamente específica porque la queratina produce una señal brillante e hiperintensa, lo que permite diferenciar el colesteatoma de líquido o tejido de cicatriz, facilitando también el seguimiento postoperatorio.

En cuanto al tratamiento, el principio fundamental se mantiene invariable. No existen medicamentos capaces de eliminar el colesteatoma y el manejo definitivo es siempre quirúrgico. La gran novedad en los últimos años es la consolidación de la cirugía endoscópica transcanal, que ofrece una alternativa menos invasiva al microscopio tradicional.

Esta técnica permite una visualización directa y lateral de zonas de difícil acceso, como el receso facial o el epitímpano, facilitando una resección macroscópica completa con una hospitalización más breve y sin necesidad de grandes incisiones externas.

Para mejorar la precisión en los informes y resultados, la comunidad médica ha adoptado la clasificación SAMEO-ATO, que sistematiza las técnicas quirúrgicas y permite comparar con mayor rigor el éxito de las intervenciones. Estudios recientes muestran que el uso de técnicas como la timpanoplastia con antroexclusión y la reconstrucción con prótesis Torp o yunque autólogo logran un excelente control de la enfermedad.

No obstante, debido al riesgo de recidiva o enfermedad residual, es necesario mantener una vigilancia estrecha y un seguimiento periódico a largo plazo.