
En los niños, el cartílago articular y el hueso subyacente son especialmente vulnerables a la destrucción enzimática producida por las bacterias, un proceso que puede causar daños irreversibles en apenas 48 horas. Aunque puede afectar cualquier zona, las articulaciones más comprometidas suelen ser la cadera, la rodilla y el hombro.
El diagnóstico comienza con una alta sospecha clínica. En los niños pequeños, la tríada de fiebre, incapacidad para soportar peso e inflamación focal es clave. Sin embargo, en neonatos, la presentación es traicionera; pueden no tener fiebre y manifestar solo irritabilidad o pseudoparálisis. Para no perder tiempo, aplicamos herramientas como los criterios de Kocher: fiebre mayor a 38.5°C, incapacidad para caminar, VSG superior a 40 mm/h y leucocitos por encima de 12,000. Si se cumplen los cuatro, la probabilidad de infección es del 99.6%. Ante la sospecha de derrame, la ecografía es nuestra mejor aliada inicial, siendo capaz de detectar apenas 2 ml de líquido en la articulación.
El drenaje quirúrgico es el pilar fundamental del tratamiento. No solo nos permite obtener muestras para cultivo, sino que descomprime la articulación para evitar la necrosis avascular, especialmente crítica en la cadera. Mientras que en articulaciones accesibles como la rodilla se puede valorar la artrocentesis seriada, en la cadera suele ser necesaria una artrotomía quirúrgica abierta para asegurar un vaciado completo. De forma simultánea, iniciamos antibioterapia intravenosa empírica. Si sospechamos de SARM comunitario, la vancomicina o clindamicina son obligatorias. En casos estándar, la cloxacilina o cefazolina son excelentes opciones de primera línea para cubrir el Staphylococcus aureus, aunque en niños de 6 a 48 meses siempre debemos considerar la Kingella kingae, un patógeno que a menudo requiere pruebas de PCR para su detección.
La evolución la monitorizamos de cerca con la proteína c reactiva (PCR) por su cinética rápida. Las guías actuales respaldan una transición precoz a antibiótico oral (habitualmente tras 3 a 5 días de vía intravenosa) una vez que el paciente está afebril y la PCR ha descendido al menos un 50%. No obstante, el tratamiento total debe completarse durante 3 a 4 semanas para asegurar la erradicación. En adolescentes sexualmente activos con síntomas migratorios y lesiones cutáneas, no debemos olvidar la Neisseria gonorrhoeae como posible causa.
Finalmente, el camino hacia la recuperación no termina con el alta. El seguimiento incluye la fisioterapia precoz para recuperar el rango de movimiento y prevenir contracturas. En casos complejos de cadera, la resonancia magnética será vital para descartar secuelas a largo plazo. Como mensaje final para llevar a la práctica: todo niño con fiebre, articulación caliente y limitación funcional tiene una artritis séptica hasta que se demuestre lo contrario. El tiempo entre el diagnóstico y el drenaje es, sin duda, el factor pronóstico más importante para su vida futura.