La laringitis aguda es una causa frecuente de consulta en neumología pediátrica, presentando una prevalencia que alcanza su punto máximo durante los meses de otoño e invierno. Se estima que afecta principalmente a niños entre los 1 y 6 años de edad, representando aproximadamente el 15 % de todas las enfermedades respiratorias pediátricas. Esta condición se define por la inflamación de la laringe, la cual suele ser de origen autolimitado, resolviéndose generalmente en un periodo de una semana.

La laringitis viral aguda es la presentación más común y suele seguir a una infección de las vías respiratorias superiores. Sus síntomas incluyen un inicio gradual de ronquera, tos seca, dolor de garganta y fiebre leve. En estos casos, el aspecto del niño es no tóxico, se muestra juguetón, se alimenta bien y no presenta babeo. Por el contrario, la laringitis bacteriana es extremadamente rara en niños sanos y se identifica por un inicio abrupto, fiebre alta superior a 38.5 grados, apariencia de enfermedad grave y secreciones purulentas.

Desde el punto de vista de la fisiopatología, la ronquera es causada por el edema o hinchazón de los pliegues vocales. Esta inflamación aumenta la masa y la rigidez de las cuerdas vocales, lo que interrumpe la onda mucosa normal necesaria para el habla. Como consecuencia, ocurre un aumento en la presión del umbral de fonación, lo que significa que el niño necesita realizar un esfuerzo mucho mayor para producir sonidos, derivando en disfonía o afonía total.

En cuanto a la exploración e investigación, la laringoscopia suele mostrar unos pliegues vocales eritematosos y edematosos. Es una recomendación general fundamental que si la ronquera persiste por más de 4 semanas, el niño sea derivado para una laringoscopia flexible. Este procedimiento permite descartar otras patologías como nódulos en los pliegues vocales, pólipos, quistes o papilomas que requieren un abordaje especializado.

El tratamiento y manejo de la laringitis viral se centra en el cuidado de apoyo. El uso de aire humidificado mediante vapor frío ayuda a calmar la vía aérea y a limpiar las secreciones. Mantener una hidratación óptima es esencial para conservar la humedad de las mucosas. Se debe evitar estrictamente la exposición a irritantes como el humo del tabaco. En cuanto a la higiene vocal, la intervención más relevante es el reposo relativo de la voz. Es crucial advertir que se debe evitar susurrar, ya que el susurro genera una tensión y un esfuerzo laríngeo mayor que el habla normal. Los antibióticos no tienen indicación en cuadros virales, y se desaconseja el uso de antihistamínicos o descongestionantes porque tienden a resecar las secreciones, empeorando el cuadro.

Es vital que los padres y cuidadores reconozcan las señales de alerta que diferencian la laringitis de emergencias médicas. La epiglotitis es una urgencia vital que presenta fiebre alta, babeo, posición de trípode (el niño se inclina hacia adelante para respirar) y voz apagada. Ante esta sospecha, no se debe examinar la garganta con un depresor, ya que puede provocar una obstrucción respiratoria total; se requiere el traslado inmediato a urgencias. Otros diagnósticos diferenciales incluyen el crup, caracterizado por una tos perruna y estridor inspiratorio que empeora por las noches, y los nódulos vocales, que son una complicación frecuente del mal uso de la voz durante el proceso inflamatorio.