
Los péptidos son cadenas cortas de aminoácidos que funcionan como señales dentro del cuerpo. Aunque el término se ha puesto de moda hace poco, llevamos décadas usándolos: la insulina y la hormona del crecimiento son péptidos. Pueden ser tan potentes como los fármacos convencionales, y por eso conviene conocer bien sus categorías antes de hablar de ellos.
En lugar de inyectar la hormona sintética, que es cara y puede favorecer la diabetes, estos péptidos estimulan al cuerpo para que produzca más hormona por sí mismo. Se clasifican según el receptor cerebral al que se unen. Los que actúan sobre el receptor de la grelina, como Ipamorelin, GHRP-2, GHRP-6 y el compuesto MK-677 (Ibutamoren), se asocian a regeneración, energía, mejor sueño y quema de grasa. Los que actúan sobre el receptor de la hormona liberadora de la hormona del crecimiento, como CJC-1295 y Tesamorelin, elevan el IGF-1, clave para reparar y desarrollar músculo. Tesamorelin es el único aprobado por la FDA, y se emplea para reducir la grasa visceral.
Es la categoría más popular entre quienes tratan lesiones. El BPC-157, derivado de los jugos gástricos, favorece la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos) y el flujo sanguíneo, lo que ayuda a articulaciones y tendones. El TB-500 (Timosina Beta 4) procede del timo y recluta células madre para reparar tejidos inflamados. La combinación de ambos se conoce como la “mezcla Wolverine”. Por su parte, el GHK-Cu, un péptido de cobre, modula la síntesis de colágeno y beneficia a piel, tendones y ligamentos. En clínicas estéticas se suele mezclar con los dos anteriores en la llamada mezcla “Glow”.
Los más conocidos hoy por su efecto sobre el apetito y el metabolismo, y se agrupan por generaciones. La semaglutida (Ozempic, Wegovy) actúa sobre el receptor GLP-1, ralentiza la digestión y reduce el hambre. La tirzepatida (Mounjaro, Zepbound) añade el receptor GIP, mejora la sensibilidad a la insulina y suele dar menos efectos gastrointestinales. La retatrutida, todavía en ensayos clínicos, suma el glucagón, que actúa como “quemador de grasa” al estimular el sistema nervioso, aunque puede provocar ansiedad o alterar el sueño.
En el plano de la energía celular, el MOTS-c imita los efectos metabólicos del ejercicio, el SS-31 mejora la función de la membrana mitocondrial y el 5-Amino-1MQ bloquea la degradación del NAD, una molécula esencial que disminuye con la edad. En el cerebro destacan el Semax, que estimula la actividad cerebral y eleva el BDNF, y el Selank, que calma el sistema nervioso y reduce la ansiedad. La Cerebrolysin se usa para recuperarse de traumatismos craneales o ictus, y la Dihexa podría aumentar el BDNF y la sensibilidad a los neurotransmisores, aunque exige más investigación por el riesgo de sobrecrecimiento celular.
El PT-141 (Bremelanotida) deriva del Melanotan 2, el “péptido del bronceado”. A diferencia de la Viagra, que actúa sobre el flujo sanguíneo, el PT-141 lo hace directamente sobre el sistema nervioso para mejorar la libido en hombres y mujeres, y cuenta con aprobación de la FDA para mujeres premenopáusicas. En cuanto al sistema inmunitario, la Timosina Alfa 1 (TA1) ayuda a equilibrar la respuesta Th1/Th2 y se utiliza en algunos países frente a infecciones virales, enfermedad de Lyme o enfermedades autoinmunes.
Esta categoría se apoya en biorreguladores estudiados sobre todo en Rusia, con evidencia occidental aún anecdótica. El Epitalón regula la glándula pineal y el ritmo circadiano, y se le atribuye la capacidad de alargar los telómeros. El Pinealón mejora el sueño profundo y ofrece neuroprotección.
Los péptidos abren posibilidades interesantes en regeneración, metabolismo, cognición y envejecimiento, pero la mayoría no cuenta con aprobación de la FDA ni con protocolos estandarizados. Su uso debe ir siempre de la mano de un profesional sanitario y con la cautela que exige la evidencia disponible.