La enfermedad de Sever, técnicamente denominada apofisitis calcánea, representa la etiología más prevalente de talalgia en la población pediátrica y adolescente de entre ocho y quince años, con un pico de incidencia observado entre los once y trece años.

Esta entidad se define fisiopatológicamente como una osteocondrosis por tracción originada por el estrés mecánico repetitivo que el tendón de Aquiles ejerce sobre la apófisis calcánea posterior, una estructura cartilaginosa e inmadura. Durante los periodos de estirón puberal, el desarrollo longitudinal del hueso suele superar la capacidad de elongación de la unidad músculo-tendinosa, lo que incrementa drásticamente la tensión en el sitio de inserción y genera microtraumatismos e inflamación.

La presentación clínica característica consiste en un dolor de instauración progresiva localizado en la zona posterior del talón, con un patrón marcadamente mecánico que se exacerba durante el impacto, el salto o la carrera. La afectación es simétrica en el sesenta por ciento de los casos.

Durante la observación dinámica, es frecuente detectar una adaptación antiálgica denominada marcha de puntillas, mediante la cual el paciente intenta descargar el peso del talón para minimizar la irritación de la placa de crecimiento. En la exploración física, el hallazgo patognomónico es el test de compresión calcánea positivo, el cual reproduce el dolor agudo al aplicar presión firme y simultánea en las caras medial y lateral de la región posterior del calcáneo.

Un componente crítico en el examen físico es la evaluación del rango de movilidad, donde habitualmente se identifica una limitación en la dorsiflexión del tobillo, generalmente reducida a menos de diez grados debido a una contractura funcional del complejo tríceps surae (músculos gastronemios y sóleo). Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial preciso con la tendinitis aquílea y la fascitis plantar mediante la palpación sistemática de la apófisis posteroinferior. En cuanto al apoyo diagnóstico, los marcadores inflamatorios de laboratorio suelen mantenerse en rangos normales, lo que ayuda a excluir procesos infecciosos como la osteomielitis o la artritis idiopática juvenil.

La radiografía simple en proyecciones lateral y dorsoplantar se utiliza principalmente para descartar patologías óseas de mayor gravedad. Aunque la esclerosis y fragmentación de la apófisis son hallazgos radiográficos clásicos asociados a esta enfermedad, carecen de especificidad por ser variantes normales del desarrollo en muchos niños asintomáticos. No obstante, en cuadros clínicos refractarios que superan las seis semanas de evolución, la resonancia magnética constituye la herramienta más sensible para confirmar el diagnóstico al evidenciar edema de médula ósea en la zona afectada.

El protocolo terapéutico se basa en un enfoque conservador que prioriza la modificación de la carga y la actividad deportiva en lugar del reposo absoluto, evitando especialmente los deportes de alto impacto en fases agudas. La implementación de taloneras de silicona o plantillas amortiguadoras es esencial para elevar ligeramente el retropié, reduciendo así la tracción del tendón de Aquiles sobre el hueso. Como apoyo farmacológico, se recomienda el uso de analgesia puntual con ibuprofeno o paracetamol en ciclos cortos bajo prescripción médica. El pilar de la rehabilitación a medio plazo es la fisioterapia mediante ejercicios de estiramiento del tríceps sural, esenciales para restaurar la flexibilidad muscular y prevenir recurrencias.

Es de suma importancia que el facultativo realice un cribado de otras lesiones por sobreuso, ya que hasta un treinta por ciento de estos pacientes desarrolla simultáneamente la enfermedad de Osgood-Schlatter debido a la vulnerabilidad sistémica de las apófisis durante el crecimiento. El pronóstico final es excelente, considerándose una entidad médica autolimitada que resuelve de forma espontánea tras la fusión fisiológica de la placa de crecimiento calcánea. Este proceso de maduración esquelética suele completarse entre los trece y quince años en las mujeres y entre los quince y diecisiete años en los varones, permitiendo el retorno total a la actividad física sin secuelas funcionales permanentes.