
En lactantes menores de 6 meses, los signos más confiables son los pliegues cutáneos asimétricos (glúteos o muslo), la desigualdad en la longitud de las extremidades y, especialmente, la abducción limitada de la cadera.
Es fundamental diferenciar entre las maniobras dinámicas iniciales: la maniobra de Barlow busca luxar la cadera mediante presión posterior (hallazgo de inestabilidad), mientras que la maniobra de Ortolani intenta reducir una cadera ya luxada mediante abducción y presión anterior. Un “clunk” palpable en estas pruebas indica patología, a diferencia de los “clicks” ligamentosos que suelen ser benignos.
Cabe destacar que después de los 3 meses, estas maniobras pierden sensibilidad debido a las contracturas de tejidos blandos, convirtiéndose la abducción limitada (menos de 60°) en el signo clínico cardinal.
La displasia se debe a una falla en el desarrollo del acetábulo anterolateral, lo que genera una cobertura insuficiente de la cabeza femoral. Este proceso puede verse agravado por factores mecánicos como el oligohidramnios y la presentación de nalgas, que restringen el espacio intrauterino.
Estadísticamente, el sexo femenino (relación 6:1), ser primogénito y los antecedentes familiares son los factores de riesgo más determinantes.
La elección del estudio de imagen depende de la edad del paciente. La ecografía de cadera es el estándar de oro en lactantes menores de 6 meses. Según el sistema de Graf, un ángulo alfa entre 50-59° en menores de 3 meses se clasifica como Tipo 2A (inmadurez fisiológica), lo que requiere vigilancia estrecha cada 4-6 semanas. En pacientes mayores de 6 meses, se utilizan las radiografías, donde se deben evaluar líneas diagnósticas clave: la línea de Shenton (un arco interrumpido indica luxación), las líneas de Hilgenreiner y Perkins, y el índice acetabular, el cual se considera patológico si es mayor a 30°, sugiriendo una displasia que podría requerir intervención quirúrgica.
El arnés de Pavlik representa la primera línea de tratamiento para luxaciones reducibles en menores de 6 meses. Este dispositivo mantiene la cadera en flexión (100-110°) y abducción suave, permitiendo el remodelado acetabular. El éxito depende de un uso de 23 horas al día y un monitoreo estricto.
Un principio crítico es no prolongar el uso del arnés más de 4 semanas si no se logra la reducción, ya que esto puede provocar la enfermedad de Pavlik, que es la erosión del borde posterior del acetábulo por la presión de la cabeza femoral no reducida.
Si el tratamiento conservador falla, se debe proceder a una reducción cerrada bajo anestesia. Durante este procedimiento, es vital realizar una artrografía: una acumulación de contraste medial superior a 7 mm es un signo de mal pronóstico. La complicación más temida del tratamiento es la necrosis avascular de la cabeza femoral, producida generalmente por una abducción excesiva (mayor a 60°) que compromete la arteria circunfleja femoral medial.