
La investigación actual sobre los trastornos del neurodesarrollo, como la dislexia y la discalculia, se centra en la identificación de sus sustratos neurobiológicos subyacentes. Este enfoque ha validado el uso de técnicas de estimulación cerebral no invasiva, destacando la estimulación eléctrica transcraneal (tES). Su mecanismo de acción se basa en la aplicación de corrientes de baja intensidad para modular la excitabilidad corticoespinal y potenciar la plasticidad sináptica en redes neuronales específicas implicadas en la lectoescritura y el cálculo matemático.
Metaanálisis recientes aportan evidencia robusta que soporta la eficacia de la tES, demostrando efectos beneficiosos y, crucialmente, transferibles. La relevancia clínica de este hallazgo radica en que las ganancias cognitivas no se limitan a las tareas entrenadas durante la intervención, sino que se generalizan a otros dominios funcionales no entrenados. Sin embargo, la tES no debe considerarse una monoterapia. Su máxima efectividad se observa cuando funciona como una terapia adyuvante sinérgica, administrada de forma concurrente con intervenciones neuropsicológicas estructuradas. Actúa como un catalizador neuroplástico, optimizando la receptividad cerebral a la rehabilitación cognitiva convencional.
La evidencia señala variables críticas que modulan los resultados. Existe un período sensible del neurodesarrollo, con efectos significativamente mayores en individuos menores de 12 años, atribuibles al pico de plasticidad neuronal en la infancia. Asimismo, se ha identificado una relación dosis-respuesta, donde mayores parámetros de estimulación (intensidad, duración y frecuencia de las sesiones) se correlacionan con mejores resultados clínicos. Una limitación actual es la durabilidad de los efectos a largo plazo, lo que plantea la necesidad de investigar protocolos de mantenimiento o sesiones de refuerzo para sostener las ganancias terapéuticas.
En conclusión, la tES se posiciona como una modalidad terapéutica complementaria prometedora que interviene directamente sobre los correlatos neurobiológicos de la dislexia y la discalculia. Refuerza un paradigma en el que estos trastornos no son déficits inmutables, sino condiciones neuroplásticas susceptibles de modificación. La investigación futura debe enfocarse en la optimización y personalización de los protocolos de estimulación para maximizar la eficacia y la permanencia de los resultados.
Rocha, M., et al. (2025). Effects of transcranial electrical stimulation on academic and cognitive skills in individuals with specific learning disabilities: A systematic review.