El hipotiroidismo congénito representa la causa más frecuente de discapacidad intelectual prevenible en la infancia.

Esta condición afecta a aproximadamente 1 de cada 2.000 a 3.000 recién nacidos y, aunque sus consecuencias pueden ser graves, el cribado neonatal y el tratamiento precoz permiten que los niños diagnosticados a tiempo alcancen un desarrollo neurocognitivo completamente normal.

Se trata de una deficiencia de hormonas tiroideas (T4 y T3) presente desde el nacimiento, esenciales para la maduración del sistema nervioso central y el crecimiento óseo, especialmente durante los primeros meses de vida, cuando el cerebro experimenta su fase de desarrollo más acelerada.

El hipotiroidismo primario es la forma más común. Dentro de este grupo, las disgenesias tiroideas (como la agenesia o ectopia) representan cerca del 85% de los casos y suelen ser esporádicas. La dishormonogénesis abarca hasta el 15% de los casos y consiste en defectos genéticos en la síntesis hormonal. También existen formas menos frecuentes como el hipotiroidismo central o las formas transitorias, provocadas por anticuerpos maternos, desequilibrios en el yodo o la inmadurez propia del prematuro.

Al nacimiento, más del 90% de los pacientes permanecen asintomáticos o presentan signos muy sutiles, debido a que la tiroxina materna atraviesa la placenta y protege al feto durante los primeros días. Esta es la razón fundamental por la cual el cribado neonatal es imprescindible. Cuando los síntomas aparecen, suelen incluir ictericia prolongada, hipotonía, estreñimiento, macroglosia y llanto ronco. La falta de tratamiento oportuno conduce a un retraso irreversible en el desarrollo psicomotor.

El proceso diagnóstico comienza con la determinación de TSH en sangre de talón y se confirma mediante la medición de TSH y T4 libre en sangre venosa. Ante una sospecha confirmada, se debe iniciar el estudio etiológico mediante ecografía o gammagrafía, sin retrasar bajo ninguna circunstancia el inicio del tratamiento farmacológico.

El fármaco de elección es la levotiroxina sódica, que debe iniciarse antes de las dos semanas de vida con una dosis de 10 a 15 µg/kg/día. Es fundamental administrarla en ayunas, triturando el comprimido en poca cantidad de agua o leche materna, evitando mezclarla con hierro, calcio o fórmulas de soja, que bloquean su absorción. El seguimiento clínico estrecho es vital para ajustar la dosis y mantener la T4 libre en el tercio superior del rango de referencia, asegurando así un desarrollo intelectual pleno.

En conclusión, el hipotiroidismo congénito es una patología frecuente pero altamente tratable. El recién nacido suele lucir sano al nacer, haciendo que el cribado sea nuestra herramienta de protección más potente. La prontitud en el inicio del tratamiento con levotiroxina y una adherencia estricta son los factores determinantes para garantizar el bienestar del niño a largo plazo.