La hipertensión también afecta a niños y adolescentes, siendo a menudo una patología silenciosa que no presenta síntomas. Si no se detecta a tiempo mediante mediciones rutinarias, puede dejar huella en órganos vitales como el corazón, los riñones y los vasos sanguíneos desde edades muy tempranas.

A diferencia de los adultos, en pediatría no existe una única cifra válida para todos, ya que la presión arterial normal varía según la edad, el sexo y la talla del niño. En niños de 1 a 12 años se utilizan tablas de percentiles, donde se considera presión normal por debajo del percentil 90, presión elevada entre el 90 y el 95, e hipertensión a partir del percentil 95.

En adolescentes de 13 años o más, se aplican puntos de corte fijos similares a los adultos, definiendo la normalidad por debajo de 120/80 mmHg, la presión elevada entre 120/<80 y 129/<80, el estadio 1 entre 130/80 y 139/89, y el estadio 2 a partir de 140/90 mmHg.

Para un diagnóstico fiable es necesario realizar medidas repetidas en al menos tres visitas. El error más frecuente es el uso de un manguito inadecuado, pues la vejiga inflable debe cubrir del 80% al 100% de la circunferencia del brazo y su ancho debe ser el 40% de dicha circunferencia. Un manguito demasiado pequeño sobreestima la presión, creando falsos diagnósticos, mientras que uno muy grande la subestima, ocultando el problema real.

La prevalencia en niños ronda el 3-5% y muestra una tendencia al alza debido a la obesidad infantil. Es vital realizar un diagnóstico precoz para prevenir daño orgánico como la Hipertrofia Ventricular Izquierda (HVI).

La ecocardiografía es el estándar para detectar este daño y, si se encuentra en un adolescente asintomático, es una indicación directa para iniciar tratamiento farmacológico, ya que la HVI es reversible con el control adecuado. Además, el monitoreo ambulatorio de presión arterial (MAPA) de 24 horas es una herramienta clave para diferenciar la “hipertensión de bata blanca” de la hipertensión enmascarada, siendo esta última especialmente peligrosa por pasar inadvertida al ser normal en la clínica.

La hipertensión secundaria es más común en niños pequeños y es consecuencia de otra patología. Las causas más frecuentes incluyen enfermedades renales, como las cicatrices por pielonefritis que presentan contornos irregulares y corteza adelgazada; causas vasculares, como la coartación de aorta, que se sospecha ante pulsos femorales débiles o retardados y erosión en el borde inferior de las costillas; o la displasia fibromuscular de la arteria renal, una causa frecuente pero a menudo olvidada en menores de 6 años. Asimismo, ante episodios de cefalea, sudoración y palpitaciones se debe descartar un feocromocitoma mediante la solicitud de metanefrinas, ya que estas son productos de degradación constantes, a diferencia de las catecolaminas que fluctúan. También deben considerarse fármacos y sustancias como estimulantes para el TDAH, corticoides, cafeína o bebidas energéticas.

Por otro lado, la hipertensión primaria o esencial es más común en adolescentes y se asocia estrechamente al estilo de vida, la obesidad, la resistencia a la insulina, el sedentarismo y los antecedentes familiares.

El abordaje y tratamiento comienza con medidas no farmacológicas como base en todos los casos: control de peso, dieta saludable tipo mediterránea o con menos sal, actividad física diaria y una buena higiene del sueño tratando la apnea si existe.

Se recurre al tratamiento farmacológico si los niveles persisten altos tras los cambios de estilo de vida, o de entrada en casos graves o con daño orgánico. Los fármacos habituales son los IECA y ARA-II, ideales en enfermedad renal o diabetes pero contraindicados en el embarazo; los antagonistas del calcio, que son eficaces y bien tolerados; y, según criterio médico, diuréticos o betabloqueantes.

Primera línea: IECA, ARA-II, calcioantagonistas de acción prolongada o tiazidas. Se inicia con la dosis mínima y se titula cada 1-2 semanas según la TA.

Vía oral (mantenimiento)

Grupo Fármaco Dosis inicial Máxima Frecuencia
IECA Enalapril 0,08 mg/kg/día 0,6 mg/kg/día (máx. 40 mg) 1-2/día
Lisinopril 0,07 mg/kg/día (máx. 5 mg) 0,6 mg/kg/día (máx. 40 mg) 1/día
Captopril 0,3-0,5 mg/kg/dosis (lactantes 0,05 mg/kg/dosis) 6 mg/kg/día 2-3/día
ARA-II Losartán 0,7 mg/kg/día (máx. 50 mg) 1,4 mg/kg/día (máx. 100 mg) 1/día
Valsartán (6-17 años) 1,3 mg/kg/día (máx. 40 mg) 2,7 mg/kg/día (máx. 160 mg) 1/día
Irbesartán 6-12 a: 75 mg; ≥13 a: 150 mg 150 mg / 300 mg 1/día
Candesartán (6-17 a) <50 kg: 4-8 mg; >50 kg: 8-16 mg 16 mg / 32 mg 1/día
Olmesartán (6-16 a) 20-<35 kg: 10 mg; ≥35 kg: 20 mg 20 mg / 40 mg 1/día
Calcioantagonistas Amlodipino 1-5 a: 0,05-0,1 mg/kg/día; ≥6 a: 2,5 mg 0,6 mg/kg/día (máx. 5 mg) / 10 mg 1/día
Nifedipino retard 0,25-0,5 mg/kg/día 3 mg/kg/día (máx. 120 mg) 1-2/día
Felodipino 2,5 mg/día 10 mg/día 1/día
Diuréticos Hidroclorotiazida 0,5-1 mg/kg/día 3 mg/kg/día (máx. 50 mg) 1/día
Clortalidona 0,3 mg/kg/día 2 mg/kg/día (máx. 50 mg) 1/día
Furosemida 0,5-2 mg/kg/dosis 6 mg/kg/día 1-2/día
Espironolactona 1 mg/kg/día 3,3 mg/kg/día (máx. 100 mg) 1-2/día
Betabloqueantes Atenolol 0,5-1 mg/kg/día 2 mg/kg/día (máx. 100 mg) 1-2/día
Propranolol 1 mg/kg/día 16 mg/kg/día (máx. 640 mg) 2-3/día
Labetalol 1-3 mg/kg/día 10-12 mg/kg/día (máx. 1200 mg) 2/día
Metoprolol 1-2 mg/kg/día 6 mg/kg/día (máx. 200 mg) 1-2/día

Urgencia/emergencia hipertensiva (IV)

Fármaco Dosis
Labetalol Bolo 0,2-1 mg/kg (máx. 40 mg); infusión 0,25-3 mg/kg/h
Nicardipino Infusión 0,5-4 µg/kg/min (inicio 1 µg/kg/min)
Nitroprusiato Infusión 0,3-0,5 µg/kg/min, hasta 8-10 µg/kg/min (vigilar tiocianato/cianuro)
Hidralazina 0,1-0,2 mg/kg/dosis cada 4-6 h (máx. 0,4 mg/kg/dosis; 20 mg)
Esmolol 100-500 µg/kg/min
Clevidipino 0,5-2 µg/kg/min (máx. 4-6)

En emergencia, el objetivo es reducir la TA de forma gradual: aproximadamente un 25% en las primeras 8 h y el resto en 24-48 h. El nifedipino sublingual/oral de acción corta se desaconseja por el riesgo de hipotensión brusca.

Puntos de precaución

  • IECA/ARA-II: contraindicados en embarazo (informar a adolescentes con capacidad gestante). Controlar creatinina y potasio a las 1-2 semanas, y evitar en estenosis bilateral de arteria renal.
  • Betabloqueantes: evitar en asma o broncoespasmo y con precaución en diabetes (enmascaran hipoglucemia).
  • Tiazidas: vigilar electrolitos (Na, K) y glucemia.
  • Amlodipino: puede causar edema periférico e hiperplasia gingival.
  • En hipertensión secundaria (renal, endocrina, coartación), el tratamiento se adapta a la causa.