Tras la creciente prescripción de agonistas del receptor de GLP-1, como semaglutida y liraglutida, se han descrito efectos adversos neurocognitivos, como niebla mental, fatiga y dificultad para la concentración. Estos síntomas podrían ser la manifestación de deficiencias nutricionales y de la modulación neuroquímica inducida por estos fármacos.

Los receptores de GLP-1 no se limitan al sistema digestivo; se encuentran distribuidos por todo el sistema nervioso central, con una alta densidad en regiones críticas como el hipocampo, el hipotálamo y la corteza prefrontal. Estas áreas son responsables de la formación de la memoria, la regulación del apetito y la función ejecutiva.

La fisiopatología de esta disfunción cognitiva se origina en dos procesos simultáneos. Primero, el retraso del vaciado gástrico reduce la eficiencia en la absorción de nutrientes esenciales a nivel intestinal. Segundo, la significativa reducción de la ingesta calórica disminuye drásticamente el aporte total de sustratos vitales para el cerebro, el órgano con mayor demanda metabólica del cuerpo. La consecuencia es una depleción de cofactores críticos para la bioquímica neuronal.

La producción de neurotransmisores como la dopamina, serotonina, acetilcolina y GABA depende de un suministro constante de vitaminas del complejo B. La plasticidad neuronal y la función sináptica requieren niveles adecuados de magnesio. La comunicación celular se basa en un equilibrio preciso de electrolitos. Y la síntesis del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), esencial para la memoria y el aprendizaje, exige un aporte suficiente de proteínas y sus aminoácidos constituyentes. La interrupción de estas vías metabólicas es la causa subyacente de los síntomas neurológicos reportados.

Para mitigar estos efectos y preservar la función cognitiva se sugiere hacer uso de suplementación.

  1. Electrolitos: La reducción en la ingesta de alimentos y la posible deshidratación por efectos gastrointestinales (náuseas) agotan rápidamente el sodio, el potasio y el magnesio. Esta depleción altera directamente la señalización neuronal, manifestándose como niebla mental.
  2. Complejo B Bioactivo: Las vitaminas B son cofactores indispensables en la síntesis de todos los neurotransmisores principales. Una deficiencia se traduce clínicamente en síntomas de depresión, ansiedad y fatiga mental. Se recomiendan las formas metiladas y biológicamente activas, como la metilcobalamina (B12) y el metilfolato (B9), que no requieren conversión enzimática para su utilización.
  3. Magnesio: Involucrado en más de 300 reacciones enzimáticas, el magnesio es fundamental para la neuroplasticidad. Dado que la mayoría de la población ya presenta una deficiencia subclínica y los agonistas GLP-1 pueden reducir su absorción, la suplementación es clave. El glicinato de magnesio es ideal para la función sistémica y la mejora del sueño, mientras que el treonato de magnesio ofrece una biodisponibilidad superior en el sistema nervioso central, siendo preferible para objetivos cognitivos. Se recomienda una dosis de 300-400 mg diarios.
  4. Proteína en polvo: La pérdida de masa muscular (sarcopenia) es una de las complicaciones descritas. Además, la proteína provee los aminoácidos precursores de neurotransmisores, como la tirosina para la dopamina y el triptófano para la serotonina. Se debe asegurar una ingesta mínima de 46 g/día para mujeres y 56 g/día para hombres, utilizando un aislado de suero de alta calidad o una mezcla completa de proteína vegetal.
  5. Vitamina D: Este neuroesteroide es un cofactor en la síntesis de neurotransmisores y es vital para la neuroprotección. Su absorción depende de la grasa dietética, cuya ingesta se ve drásticamente reducida en estos pacientes. La suplementación con al menos 2,000 UI diarias es a menudo necesaria, aunque la dosis debe ajustarse según los niveles séricos del paciente.
  6. Hierro: La deficiencia de hierro se manifiesta con fatiga y disfunción cognitiva. Es recomendable monitorizar los niveles de ferritina, buscando un objetivo cercano a 50 ng/mL para una función cerebral óptima. El gluconato ferroso suele ser mejor tolerado a nivel gastrointestinal.
  7. Fibra prebiótica: El microbioma intestinal, responsable de producir el 90% de la serotonina del cuerpo, se ve afectado por la reducción en la variedad y cantidad de alimentos. La suplementación con fibra prebiótica como la inulina alimenta a las bacterias beneficiosas, manteniendo la integridad del eje intestino-cerebro y la producción endógena de neurotransmisores.