
En la migraña crónica refractaria al tratamiento farmacológico convencional, el neurofeedback y la estimulación magnética transcraneal (EMT) emergen como enfoques terapéuticos no farmacológicos de alto potencial. La selección entre ambas modalidades neuromodulatorias debe basarse en el fenotipo clínico del paciente, sus preferencias.
El neurofeedback es una técnica de biofeedback que se fundamenta en el entrenamiento del cerebro para la autorregulación de su propia actividad eléctrica. El objetivo terapéutico es alcanzar una estabilización de los patrones de actividad cortical para disminuir la frecuencia e intensidad de las crisis migrañosas.
El procedimiento se inicia con un electroencefalograma cuantitativo (qEEG), o mapeo cerebral, para identificar patrones de desregulación en las ondas cerebrales asociados a la fisiopatología de la migraña. Durante las sesiones de entrenamiento, el paciente recibe una retroalimentación sensorial, ya sea visual o auditiva, en tiempo real, lo que le permite aprender a modular voluntariamente su actividad cerebral.
En términos de eficacia, la evidencia clínica sugiere que el neurofeedback puede inducir una reducción significativa de la carga de la migraña. Algunos estudios reportan que más del 50% de los pacientes logran una remisión completa de las crisis tras completar el protocolo de entrenamiento. Se considera una intervención con resultados duraderos, ya que se basa en un proceso de aprendizaje neuroplástico, y está exenta de los efectos adversos asociados a la farmacoterapia.
La estimulación magnética transcraneal (EMT) es una técnica de neuromodulación no invasiva que emplea campos magnéticos para inducir corrientes eléctricas focales en áreas específicas del cerebro implicadas en las redes del dolor. Esta estimulación tiene la capacidad de modular la excitabilidad cortical, reduciendo así la predisposición a las crisis de migraña.
El mecanismo de acción consiste en la aplicación de un dispositivo sobre el cuero cabelludo que emite pulsos magnéticos de alta intensidad y corta duración. Estos pulsos atraviesan el cráneo de forma indolora y generan una despolarización neuronal en la corteza cerebral subyacente. El procedimiento es ambulatorio y no requiere anestesia.
La eficacia de la EMT ha sido demostrada tanto en el tratamiento agudo de la migraña con aura como en la profilaxis de la migraña crónica. Los ensayos clínicos han evidenciado una reducción estadísticamente significativa en la frecuencia de los episodios y en la intensidad del dolor. Es una alternativa terapéutica valiosa para pacientes con migraña resistente al tratamiento, ofreciendo una opción para aquellos que no toleran o no responden a los fármacos profilácticos.
El enfoque del neurofeedback se centra en el entrenamiento y la autorregulación cerebral a largo plazo, requiriendo una participación activa por parte del paciente para aprender a modular sus propias ondas cerebrales. Por otro lado, la EMT se basa en la modulación directa de la actividad cortical, donde el paciente recibe la estimulación de forma pasiva. En cuanto al proceso, el neurofeedback comienza con un mapeo cerebral seguido de múltiples sesiones de entrenamiento, que suelen ser más de veinte. La EMT, por su parte, sigue un protocolo estandarizado de sesiones de estimulación en áreas específicas, generalmente administradas diariamente durante 4 a 6 semanas.
La estimulación magnética transcraneal se ha consolidado como una terapia efectiva para la migraña crónica, siguiendo un protocolo específico. El objetivo más común es la corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC), principalmente la izquierda, cuya modulación ha demostrado reducir la frecuencia e intensidad de las migrañas, así como comorbilidades afectivas como la depresión. Otras áreas diana incluyen la corteza motora (M1) y, en casos específicos como la migraña con aura, la corteza occipital, para modular la hiperexcitabilidad cortical asociada a la depresión cortical propagada.